Bueno, en realidad el primer día fue la llegada a Pisa a las nueve y media, el encuentro con Elvi y la odisea para llegar al
albergue de Tavarnelle Val di Pesa antes de las doce de la noche. Por supuesto, por mucho
Mappy que lleváramos, en cuanto salimos por la autovía, eso sí, por la salida correcta, nos perdimos en el primer pueblo del Chianti. Afortunadamente fuimos a preguntar a la primera de los muchos italianos amables que nos encontraríamos, y tuvimos la suerte de que iba en la misma dirección: "¡seguidme!". Estamos salvadas. Viendo la de vueltas que dio para llegar por esas carreteras de Dios no hubiéramos llegado en toda la noche.
El albergue es genial y la gente que lo lleva es simpatiquísima -- y joven -- ("no es por ser integrista, pero los albergues de juventud tendrían que llevarlos siempre gente joven." Amén) El albergue está a sólo 20 minutos de Florencia por la autovía Fi-Si y llegamos sin problemas, al día siguiente, a la ciudad.
Florencia es una ciudad preciosa. No nos hizo muy buen tiempo, pero bastante mejor del que esperábamos. No tuvimos que sacar el paraguas en todo el día.
Nos dedicamos a pasear por la ciudad, entrando en el Duomo, por supuesto, y tratando, en vano, de visitar la Galeria Uffizi; tras casi una hora de espera y de enterarnos de que los primeros de la fila llevaban desde las nueve de la mañana haciendo cola (eran las dos y media de la tarde), desistimos. Una pena, porque tenía muchas ganas de ver los retratos de los duques de Urbino de Piero della Francesca. Tendré que seguir conformándome con visitar su "Bautismo de Cristo" en la
National Gallery y deja un motivo claro para volver a Florencia.
El sitio donde comimos en Florencia es remarcable. Una pequeña
enoteca regentada por dos hermanos donde nos comimos un par de
panini y nos bebimos un par de vinitos. Un sitio estupendo.