Este finde fui volví a ir a la Tate Modern porque quería ver
la instalación que
Rachel Whiteread había construído en la sala de turbinas.
La sala de turbinas de la Tate es un espacio gigantesco y altísimo que la artista ha rellenado con un montón de cajas blancas realizando un laberinto en el que los visitantes podemos pasear.
A pesar de que en algunos medios han criticado la obra por cara y sin mérito (no tiene porque gustarle a todo el mundo), lo cierto es que a mí me ha encantado. La sensación de paz que se respira mientras te pierdes en los pasillos es fantástica. Si vas por Londres, o ya estás aquí, no dejes de visitarla.
Embankment estará en la Tate hasta abril del año que viene. Cuando la desmonten, Whiteread reciclará el polietileno utilizado ya que, según ella,
"hay demasiado arte en el mundo".